martes, 17 de julio de 2007

7- EMPEZANDO UNA VIDA NUEVA PARA SENTIRSE MEJOR

ORGANIZAR LAS COMIDAS PARA LA SALUD

En líneas generales en nuestra civilización occidental la manera de comer no es muy recomendable. Por ejemplo, las copiosas cenas.
En un habiente natural la receta sería muy simple: comer cuando se tiene hambre.
Teniendo en cuenta la vida civilizada, con tareas estresantes y en horarios fijos, es obvio que el principio anterior no es práctico. A esto hay que agregar cierta exigencia de los ritmos del organismo que podrían crear tensión ha determinadas horas.
La forma de distribuir el alimento durante el día ha sido muy discutida en el ámbito naturista. Llamó mucho la atención la costumbre de ciertos filipinos que no tienen desayuno, almuerzo, merienda o cena formal. Simplemente comen, o como se dice “pellizcan” algo aproximadamente cada media hora. En ese lugar hombres y mujeres tienen una muy buena silueta y estado físico.
En líneas generales los dietistas de occidente están de acuerdo con la costumbre americana (pero no con la dieta en sí) de comer mucho como desayuno y menos a medida que pasa el día. En ese sentido, se recomienda que la última comida del día sea poca y liviana o sea de fácil digestión. Pero además, ingerirla unas dos horas antes de dormir. Mejor si se realiza una caminata después de comer.
No obstante lo dicho más arriba, para algunas personas es indispensable ajustarse a horarios en las comidas.
Viene a cuento recordar dos dichos populares. Uno es: “el almuerzo recostado y la cena caminada”. Lo segundo es muy cierto, lo primero no tanto. Una siesta larga puede contribuir a transformar en grasa lo que se come, además de embotar las facultades mentales. A lo sumo se recomienda después del almuerzo diez o quince minutos y mejor sentado y con los pies en alto en vez de ir a la cama. El segundo dicho tiene que ver con la mala fama de un médico de la Edad Media que al parecer fue un gran “mata sanos”, el cual reza: “más mató la cena que Avicena”.
Una norma muy recomendada es comer alguna fruta primero, en especial antes del almuerzo. Se sostiene que el olfato y el gusto estimulan la producción de jugos gástricos y la fruta ingerida prepara la digestión. Eso no quita, que también se pueda comer una fruta de postre.
Hay quienes asocian la luna a la manzana y la naranja al sol de la mañana. No cabe duda de que una naranja, mandarina, o bergamota pueden ser el mejor aperitivo para preparar el sistema digestivo ingiriéndola en ayunas. La manzana además de ser depurativa es el mejor alimento que se puede ingerir a la noche para tener un sueño apacible.
Pero hay que señalar también, que existen personas a quienes la leche caliente es lo que los hace dormir bien.
Otra regla muy importante es no cometer “incesto alimenticio”. Los alimentos de la misma familia no deben mezclarse. En especial los lácteos y farináceos entre sí. Los lácteos son fáciles de identificar (quesos, yogurt, ricota, etc.), en cambio cuando se dice farináceo, se suele asociar solo a las harinas. Si bien esto puede ser cierto, dado que estos alimentos podrían convertirse en harinas, lo común es que a muchos de ellos se los ingiera como farináceos en su forma natural (papas, bananas, cereales, legumbres, etc.) y por lo tanto, no se los incluye en esta categoría.
Se ha dicho también que el hombre no se alimenta de lo que come, sino de lo que asimila. Ésta tiene que ver con varios factores: uno de los más importantes es el buen estado de ánimo. Una buena comida en estado de ira, por ejemplo, puede resultar un veneno. En cambio una comida no tan buena, en un estado apacible y de buen humor, puede convertirse en un alimento excelente. Otro factor a tener en cuentea, es el ejercicio físico ya sea éste producto del trabajo o del deporte. Una vida sedentaria crea un círculo vicioso, lo que se come no se asimila completamente y lo poco que se asimila se convierte en grasa y se va camino a la obesidad. Ésta cambia el gusto y atracción por los alimentos, terminando en la ingestión de aquellos que justamente contribuirán a un aumento de grasas, tejido adiposo y por ende de peso.